HISTORIA, HISTORIAS, HISTORIETAS DE LA PSICOLOGÍA

LA PSICOLOGÍA DE LA CONCIENCIA
La fundación de la psicología
En el último cuarto de siglo XIX, existían unas condiciones lo suficientemente maduras como para que la psicología apareciera y se convirtiera en una ciencia autónoma. Tal y como hemos visto, la psicología científica estaba destinada a nacer como un descendiente híbrido de la fisiología y la filosofía de la mente, a la que se llamaba psicología a mediados del siglo. Wihelm Wundt (1832-1920) fue el médico-filósofo que estableció la psicología como una disciplina académica. al igual que Moises no consiguió entrar completamente con su gente, las generaciones futuras de psicólogos, en la tierra de la ciencia, pero hizo posible que se reconociera a la psicología como tal.

El camino a través de la fisiología

Wundt (1873) proclamó una alianza entre dos ciencias en el libro que definió por primera vez a la psicología científica, Principles of Psychology. La primera de ellas era la fisiología, que nos informa sobre aquellos fenómenos de la vida que percibimos a través de nuestros sentidos externos, y la segundo era la psicología, disciplina en la cual la persona se observa a sí misma desde dentro. El resultado de esta alianza era una nueva cienci, la psicología fisiológica, cuya tarea sería:
  • Priemro investigar aquellos procesos de la vida (conciencia) que, estando a medio camino de la experiencia interna y externa, requieren la aplicación simultánea de ambos métodos de observsación, el externo y el interno; y segundo, iluminar la totalidad de los procesos vitales desde los puntos de vista conseguidos por las investigaciones en este área y de esta manera, quizás, transmitir una comprensión total de la existencia humana. Esta nueva ciencia comienza en los procesos fisiológicos y cómo estos procesos influyen en el dominio de la observación interna… El nombre de psicología fisiológica … advierte que la psicología es la materia legítima de nuestra ciencia … Si se desea enfatizar sus características metodológicas, podría denominarse a nuestras ciencias como psicología experimental, para distinguirla de la ciencia corriente de la mente que se basa exclusivamente en la introspección (Wundt, 1873, pp. 157-8)”.
Además de ser una culminación de las ideas que mantuvieron los médicos-filósofos duranteel siglo XIX, la alianza de la fisiología y la psicología desempeñó diversas funciones importantes para una ciencia en ciernes como la psicología. La primera de estas funciones tuvo que ver con la metodología, se defina a ésta o no en un sentido restrictivo. Aunque el término fisiología en la época de Wundt estaba adquiriendo el significado biológico que tiene en la actualidad, todavía poseía un significado diferente y mucho más amplio. Fisiología y física tienen la misma raiz griega, physis, y esta palabra se utilizaba en muchas ocasiones durante el siglo XIX para designar la adopción de una aproximación experinmental en el estudio de una materia. En el caso de la psicología, más específicamente, se tomó posesión de los aparatos y técnicas de la fisiología, tales como los utilizados para medir el tiempo de reacción, y comenzaron a emplearse en los laboratorios de psicología. Wundt también denominó psicología experimental a su psicología fisiológica, en reconocimiento a la importancia del aspecto metodológico de la alianza.
Wundt
Wundt se refiere a un segundo conjunto de funciones que cumple esta alianza, que tienen que ver con el contenido de la nueva ciencia. A un nivel fisiológico, la alianza ayudó a la psicología a formar parte de la pujante visión naturalista del mundo que estaba emergiendo en la ciencia. La psicología había significado tradicionalmente psyche-logos, el estudio del alma. Pero el alma sobrenatural no tenía lugar en las ciencias naturalistas, de forma que si la psicología procedía de acuerdo con las líneas tradicionales quedaría excluida de la ciencia por incurrir en un dualismo anticientífico. Sin embargo, si se insistía en que el sistema nervioso era la base de todos los fenómenos mentales, y se definía a la psicología como la investigación de las condiciones fisiológicas de los sucesos conscientes, el nuevo campo de la psicología fisiológica podía establecerse como ciencia. Por ejemplo, la apercepción era el proceso mental más importante en la psicología de Wundt, y este autor propuso que existía en el cerebro un centro de apercepción. Además, los psicólogos podían adoptar conceptos fisiológicos bien establecidos, tales como los de la excitación e inhibición neural, para utilizarlos en las teorías psicológicas.
La creación de la psicología fisiológica reveló otra posibilidad teórica, que fue la del reduccionismo: que consistía ,
  • no tormar prestados simplemente conceptos fisiológicos,
  • sino en explicar los sucesos mentales y conductuales en función de las causas fisiológicas.
Tomemos un ejemplo actual más familiar, parece que la causa de la depresión crónica es la reducción de las catecolaminas en el cerebro y no por  los conflictos psicológicos reprimidos. A los tres fundadores principales de la psicología -Wundt, freud y James- les atrajo inicialmente la idea de abandonar todas las teorías psicológicas en favor de explicar la conciencia como el resultado de causas neurales, sin postular la existencia de un nivel de procesos psicológicos mediadores insconscientes. Al final, los tres rechazaron esta visión eliminativa, Si, por lo menos la fisiología podía explicar la mente y la conducta, estaba amenazando la posición de la psicología como disciplina:
  • La psicología fisiológica acabaría siendo simplemente fisiología.
Wundt y Freud se apartaron del reduccionismo, James luchó fuertemente contra él y finalmente renunció a la psicología en su conjunto por la filosofía . Sin embargo, la idea de la reducción ha vivido en las generaciones de psicólogos que les sucedieron, oculta a veces, pero nunca muerta, y está reafirmándose en la actualidad con nuevo vigor.
La última función de la alianza fue la de propiciar un movimiento táctico en la política del siglo XIX en Alemania. La fisiología era la disciplina científica que se había establecido más recientemente. Aquellos que la practicaban, como Hermann von Helmholtz, con quien Wundt había estudiado, estaban entre los científicos más imortantes, y su rápido progreso les dio pronto un enorme prestigio. Para  un académico ambicioso como Wundt, el campeón del nuevo campo que buscaba fondos, espacios y estudiantes, la alianza con la fisiología era una forma de ganar respeto (Ben-David and Collins, 19966).
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Sociales. ayudas, manipulaciones, variables y demás artilugios científicos

LA CONDUCTA DE AYUDA GRUPAL
Durante muchos años ha habido una resistencia entre los psicólogos sociales a tener en cuenta el potencial de los grupos para promover conducta de ayuda (Manning et al., 2007). la influencia que el grupo ejerce en sus miembros solía considerarse contraria a cualquier tendencia prosocial, ya sea porque hace que estos se vuelvan impulsivos, irracionales e incluso violentos, especialmente en el contxto de una multitud (Zimbardo, 1969), o porque inhibe la acción, como hemos visto al hablar de difusión de la responsabilidad. No obstantem esa tradición está cambiando, sobre todo a partir del auge de las organizaciones del voluntariado.
LA CONDUCTA DE AYUDA PLANIFICADA: EL VOLUNTARIADO
El voluntariado es un comportamiento de ayuda con carácter no obligatorio, que se lleva a cabo planificadamente y a través de la gestión de una organización, y que no es puntual, sino que se desarrolla por un período de tiempo relativamente extenso. Ha de estar planificado, es decir, deben existir unos objetivos que cumplir, unos medios materiales y humanos para llevarlos a cabo, una programación, temporalización y reparto de tareas, una evaluación formativa y sumativa de las tareas que se realizan, etc. De hecho, no son muchas las diferencias con el trabajo remunerado (ver Gómez y Martínez, 2002). Una de las diferencias con la conducta de ayuda interpersonal es que estaúltima suele incluir un sentimiento de obligación personal hacia el receptor. Sin embargo, los voluntarios no conocen en muchas ocasiones a las personas que se beneficiarán de su comportamiento.
El voluntariado presenta cuatro características (Penner, 2002):
  • es una conducta a largo plaza
  • es una acción pensada y planificada
  • es una ayuda no obligatoria
  • se produce bajo el marco organizacional
RESUMEN
AYUDA,ALTRUISMO, PROSOCIAL

Ayudamos, ayudais, ayuda, cuándo, cómo, dónde, por qué ….

¿CUÁNDO AYUDAMOS?
* El priemer modelo que trató de explicar cuándo ayudamos a los demás surgió de las investigaciones realizadas tras el incident de Kitty Genovese. Se trata del modelo de decisión sobre la intervención en emergencias, desarrollado por Latané y Darley (1970). Según estos autores, en el caso de Kitty Genovese los vecinos podrían haber pensado que alguien había llamado al servicio de emrgencias y por eso no lo hicieron.
Como consecuencia de estos resultados, Latané y Darley (1970) elaboraron un modelo que proponía que el hecho de que una persona ayude o no depende de una serie de decisiones, que incluyen reconocer que algo pasa y que las situación requiere que alguien ayude, tomas la responsabilidad personal de ayudar, considerarse capaz y decidir como hacerlo.
Bibb Latané
* El segundo modelo que trata de explicar cuándo ayudamos a los demás (o cuándo no lo hacemos) es el de activación y coste-recompensa (Dovidio et al. 1991; Piliavin, Dovidio, Gaerther y Clark, 1981).
Según el modelo, las personas están motivas para maximizar sus recompensas y minimizar sus costes. Primaría el propio interés y, ante una situación en la que alguien requiere ayuda, analizarían el contexto antes de decidir, sopesarían  los costes y las recompensas y tomarían la decisión que mejor satisficiera sus intereses personales. Ayudaría si los beneficios (recompensas menos costes) de ayudar son mayores que los de no ayudar, aunque esto no explica todas  las situaciones, por ejemplo, las ocasiones que requieren uns decisión rápida. Es posible que los costes de no ayudar sean mayores que los de realizar la ayuda (los demás podrían formarse una mala imagen de nosotros, por ejemplo´). Por otra parte, cuando pensemos que nuestra capacidad para realizar la ayuda es alta, consideraremos que los costes de ayudar son bajos y será más probable que ayudemos.
Fue con estas premisas con las que Piliavin y colaboradores (1981) y Dovidio y colaboradores (1991) elaboraron su modelo sobre cómo la realción entre costes y beneficios lleva a la persona a ayudar o a no hacerlo. El objetivo del modelo de activación y coste-recompensa es predecir si una persona ayudará o no y cómo ayudarían en caso de hacerlo.
Para que se produzca la ayuda,
  • En primer lugar la persona tiene que sentirse activada al conocer el problema de otro, e interpretar esa activación desagradable como debida a eso y no a otra razón. La consecuencia de esa interpretación es que sólo ayudando al otro podrá reducirse el malestar que nos provoca su problema.
  • La segunda parte del modelo recoge el tipo de respuesta que dará el observador en función de su percepcìón de los costes de ayudar (bajos o altos) frente a los de no hacerlo (bajos o altos). Las combinaciones posibles se reflejan en la siguiente tabla.
LA AYUDA DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL QUE LA NECESITA
Para saber hasta qué punto las personas desean que otros les ayuden es necesario diferenciar entre la ayuda que se pide y la que se recibe sin solicitarla.
Respecto a la ayuda que se pide, según Nadler (1991), que a una persona decida o no pedir ayuda depende de:
  • (1) características personales, como edad, género, personalidad, etc. A los hombres les cuesta más pedir ayuda que a las mujeres, las personas tímidas se resisten a pedir ayuda a alguien del sexo contrario, los jóvenes piden ayuda a los mayores, y las personas de clase alta piden ayuda más que las de clase baja.
  • (2)  la naturaleza del problema y el tipo de ayuda que se necesita. Si el problema de una persona está directamente relacionado con su imagen personal y social, será menos probable que solicite ayuda a otros. por otra parte, el no poder devolver el favor al otro cuando creemos que se espera de nosotros que lo hagamos es un factor disuasorio a la hora de pedir ayuda.
  • (3)  las caraterísticas del posible donante de la ayuda. Se suele acudir a paersonas semejantes en lugar de a quienes consideramos muy diferentes. sin embargo, hay autores que defienden que pedir algo a alguien que es diferente es bueno porque supone que tiene algo que a uno le falta.
Aunque hay personas que necesitan ayudar a otros para sentirse bien, no todos los comportamientos de ayuda son positivos para el que los recibe. En ocasiones se puede reaccionar de forma negativa,
  • especialmente cuando se percibe una amenaza a la autoestima,
  • cuando existen unos costes excesivos para agradecer dicha ayuda (recordemos la norma de reciprocidad), 
  • cuando la ayuda provoca una sensación de pérdida de libertad en quien la recibe.
Varías teorías tratan de explicar la causa de estas reacciones negativas.
De acuerdo con la teoría de la atribución,
  • Las personas están motivadas para buscar una explicación de por qué necesitan ayuda y por qué otros se la ofrecen. Mantendrán una autestima positiva si son capaces de atribuir su necesidad de ayuda a causas externas o incontrolables más que a deficiencias personales (Fisher, Nadler y Whitcher-Alagna, 1982; Tessler y Schwart, 1972).
  • También es importante la atribución que se hace sobre la conducta de las personas que ayudan: si creemos que nos ayudan por buena voluntad o que lo que hacen pensando en que somos incompetentes. El efecto sobre la autoestima es la persona que recibe la ayuda fue esquematizado por baron y Byrne (1998) y se presenta en la siguiente figura.
Los costes del agradecimiento pueden explicarse desde la teoría del intercambio social.
  • Las reacciones a la recepción de ayuda reflejan los beneficios de recibirla,
  • pero también los costes de aceptarla.
  • Cuando la ayuda es en una sola dirección puede crear una sensación de diferencia de poder. Por este motivo, las personas están más dispuestas a pedir ayuda cuando piensasn que podrán devolver el favor (Fisher et al., 1982).
  • Pero si no pueden o no quieren devolverlo, tratarán de evitar que les ayuden o reaccionarán de manera negativa, actuando, por tanto, en consonancia con la norma de reciprocidad.
  • Recibir ayuda sin quererlo también puede producir pérdida de libertad, y esto se ve explicado por la teoría de la reactancia. Las personas quieren maximizar su libertad personal de elección. Es posible que un receptor de ayuda crea que está perdiendo parte de su libertad, por ejemplo, porque le gustaría pedir ayuda a otro que cree solventaría mejor su problema.
  • También el hecho de quedar obligado a corresponder a la ayuda recibida puede provocar un sentimiento de pérdida de libertad. Como consecuencia se pueden producir sentimientos de hostilidad hacia los que proporcionan la ayuda (Gross, Wallston y Piliavin, 1979)
Ayudar a otros es una conducta positivamente valorada en la mayoría de las sociedades. Sin embargo, ser dependiente de la ayuda de los demás está considerado menos favorable. Para evitar esa amenaza algunas personas pueden renunciar a la idea de buscar ayuda.
En el contexto intergrupal,
  • la relación de poder entre los grupos es una variable crucial.
Nadler (2002) presentó un modelo de las relaciones intergrupales de ayuda como relaciones de poder basándose en dos premisas.
  • La primera es la teoría de la identidad social (Ellermers, Spears y Doosje, 1999; Tajfel, 1978).
Basándosnos en esa teoría, cualquier información que hiciera sentir a los mienbros de un grupo que sin inferiores a los de otro supondría una amenaza para su identidad.
  • La segunda premisa del modelo de Nadler (2002) es que las relaciones de ayuda están influenciadas por las relaciones de poder.
Según esto, los miembros de un grupo de estatus alto ayudarían a los de uno de status bajo, no llevados por motivacìón altruista, sino para mantener su ventaja social. Sería una forma de demostrarles que realmente son superiores a ellos. Si los miembros del grupo de estatus más bajo aceptan la ayuda, podrían estar reconociendo su inferioridad.

Empatía, simpatía, o ¿metemos la pata?

EL EFECTO ESPECTADOR
En 1968 Darley y Latané habían realizado un experimento en el que manipulaban el número de observadores en una situación de emergencia, para poner a prueba su hipótesis de que cuantas más personas haya presentes, menos probable será que alguna de ellas ayude. A cada sujeto se le decía que iba a participar en una discursión acerca de los problemas de los estudiantes en una gran ciudad, y se le hacía pasar a una sala de forma individual indicándole que la discusión se llevaría a cabo a través de un interfono. La variable independiente era el número de sujetos que se le decía participarían con él en la discusión desde otra sala (1, 2 ó 5). El procedimiento consistía en que cada persona hablaría durante dos minutos. Lo que el sujeto escuchaba eran grabaciones, pero él creía que formaba parte de un grupo real. Antes de comenzar la discusión, uno de los supuestos participantes reconocía que, aunque le daba vergüenza decirlo, a veces sufría ataques epilépticos por el estrés que le producía la gran ciudad. Cuando todos los “participantes” habían utilizado sus dos minutos, aquel que comentó lo de los ataques decía, de manera entrecortada y simulando ahogarse, que iba a sufrir un ataque.
La reacciòn de los sujetos ante esta situación se midió de dos formas (variables dependientes):
  • El porcentaje de sujetos que salieron de la  habitación para ayudar a quién decía sufrir el ataque.
  • Tiempo que tardaban en reaccionar los que decidieron hacerlo.
Los resultados que se muestran en la tabla siguiente, indican que cuantos más participantes había supuestamente en el experimento, menor fue el porcentaje de sujetos que intentó ayudar. Además, cuando alguien trató de hacerlo, tardaron más tiempo aquellos que estaban en la situacìón en la que creían que había más personas como se muestra en la figura b. Esto demostraba que cuantas más personas están presentes en una situación de ayuda, es menos la probabilidad de que alguien se decida a ayudar y tardará más  tiempo en hacerlo. Es lo que   se conoce como el “efecto espectador” (bystander effect).
LOS CINCO PASOS DEL MODELO DE DECISIÓN SOBRE LA INTERVENCIÓN EN EMERGENCIAS
PASO 1
¿Algo pasa? Lo primero de lo que ha de darse cuenta una persona es de que algo extraño está sucediendo. Si estamos pendientes de otras cosas, la falta de atención puede inhibir los actos prosociales.
En uno de los clásicos estudios para mostrar cómo la preocupación puede influir sobre los actos prosociales, Darley y Batson (1973) realizaron un experimento con estudiantes seminaristas donde manipulaban dos variables independientes:
  • el tipo de tarea que se les encomendaba (preparar y dar una charla sobre cuestiones profesionales o sobre la parábola del buen samaritano, dependiendo de la condición experimental)
  • la información sobre el tiempo que tenían los participantes para llegar al edificio donde debían dar la charla, tratando de influir así en la presión del tiempo (una vez preparado lo que iban contar, a unos se les comunicaba al marcharse que les sobraba tiempo, a otros que llegarían puntuales y a otros que ya llegaban tarde).
La variable dependiente era si los participantes ayudaban o no a una persona (cómplice de los experimentadores) que se encontraba en el trayecto de un edificio al otro lado, tirado en el suelo tosiendo y quejándose. Los sujetos a los que se dijo que llegaban tarde ayudaban menos, y esta variable tuva más fuerza que el tipo de tares (hablar sobre temas profesionales o sobre la parábola del buen samaritano), la cual no influyó sobre la decisión de ayudar o no.
  • El 66% de los sujetos  a los que se les dijo que llegaban pronto ayudó,
  • el 45% de los que llegaban puntuales, y sólo
  • el 10% de los que llegaban tarde.
Este estudio muestra que las personas se preocupaban más por no llegar tarde que por ayudar a alguien que les necesitaba, incluso aunque fueran seminaristas y tuvieran que hablar sobre la conducta de ayuda y su importancia.
PASO 2
Lo que está pasando… ¿Es una emergencia? Interpretar si lo es o no dependerá de cómo responden otras personas a dicha situación y de que esté claro o no que es una emergencia.
La reacción de los demás nos puede afectar por dos vías:
  • La influencia normativa
  • La influencia informativa
Según la influencia normativa, la persona se plegará a lo que hace la mayoría, bien por “el que dirán” o por los beneficios que le puede reportar.
La influencia informativa suele producirse cuando los individuos tienen que interpretar una situación ambigua, para lo cual tiene en cuenta lo que hacen y dicen las personas semejantes a ellos.
Cuando la situación no está muy clara,  el temor a interpretar como emergencia algo que no lo es, y a sentirnos ridículos, puede influir en que no lo interpretemos como tal. Si existe informaciòn entremezclada, es decir, tanto indicios de que todo va bien como de que algo pasa, las personas tienden a hacer más caso a los primeros. Latané y Darley (1970) realizaron un nuevo experimento. Mientras los participantes cumplimentaban un cuestionario en la sala, ésta comenzaba a llenarse humo, que aparecía a través de un orificio de ventilación.
La VI tenía tres niveles:
  • (1) el sujeto estaba solo
  • (2) con otros dos participantes
  • (3) con dos cómplices del experimentador que se comportaban como si nada estuviera sucediendo.
La VD era cómo reaccionarían los participantes ante un signo de peligro en cada una de las condiciones.
Los resultados apoyaron la hipótesis de la influencia informativa:
  • 75% de los sujetos que estaban solos salió de la habitación.
  • Ninguno de los que estaban con los complices lo hizo
  • 38% de los que estaban con los otros participantes salió.
Para explicar lo ocurrido en esta última condición, Darley y Latané acuñaron el término ignorancia pluralista.
Se trata de un sesgo consistente en inhibir la expresión de una actitud o emoción porque se piensa que la mayoría no la comparte, aunque en realidad no sería así.
A pesar de que a todos los participantes en el experimento querían saber que pasaba, no deseaban parecer nerviosos ante los demás y se mostraban aparentemente tranquilos. Al ver que los otros no parecían preocupados, cada participante sacaba la conclusión de que no había nada que temer, y el resultado de todo este juego de disimulos era la inhibición de la acción.
PASO 3
¿Se asume la responsabilidad de actuar? A pesar de darse cuenta de que algo sucede (paso 1), y de reconocer que lo que ocurre es una emergencia (paso 2), es posible que la persona no intervenga si no se considera responsable de ayudar. La presencia de otras personas puede ejercer un efecto inhibidor de la acción que se conoce como difusión de responsabilidad y consiste en pensar que alguien acudirá en ayuda de la víctima. Parece ser que tendemos a pensar que el rol de líder será el que asumirá la responsabilidad. Por tanto, es posible llegar a este punto y no continuar con el siguiente paso.
PASO 4
¿Se considera la persona copaz de ayudar? Un individuo puede llegar hasta aquí y creer que debe ayudar. Sin embargo, si no se cree capaz o no sabe cómo hacerlo, tampoco ayudará.
PASO 5
Tomar la decisión de ayudar. aunque se hayan dado todos los pasos anteriores, es posible que no se lleve a cabo la conducta de ayudar porque los costes de ayudar sean demasiado grandes. ¿Por qué ocurre esto? Una de las explicaciones es la aprensión de la evaluación. Nos preocupa que otros vean cómo nos comportamos o que  juzguen nuestras reacciones negativamente (Baumeister, 1982).

Ayuda, Ayuda, Ayuda. ¿Ayudamos?, ¿Ayudais?, ¿Ayudan?

¿A quién es más probable que ayudemos?
El comportamiento de ayuda también está influido:
  • Por las caraterísticas de la persona que necesita dicha ayuda.
  • La literatura muestra que, en general, ayudamos más a quienes encontramos atractivos y/o nos gustan
  • A quienes son similares a nosotros, a las personas de nuestro propio grupo (aunque en esto existen importantes diferencias culturales, como hemos visto).
  • A quienes juzgamos merecedores de nuestra ayuda.
Respecto al atractivo físico, Benton, Karabenick y Lerner (1976) realizaron un estudio en el cual simulaban que una persona había dejado olvidada en una cabina de teléfonos una solicitud para ingresar en un instituto. El impreso estaba relleno y listo para ser enviado. Cuando la foto que aparecía en la solicitud correspondía a una persona atractiva había más probabilidad de que el que la encontrase la enviara (47%) que si no era atractiva (35%).
Para mostar el efecto que tiene el que otros nos gusten o no sobre la decisión de ayudarles, Shaw, Borough y Fink (1994) realizaron un estudio en el cual un hombre llamaba por teléfono a alguien y le aseguraba que lamentaba haberse equivocado de número. Le explicaba que estaba utilizando su última moneda y pedía el favor de que quién contestaba llamase al número correcto y diera un mensaje a su pareja. El teléfono al que debía llamar era en realidad el de otro cómplice del experimentador. En la mitad de los casos el que pedía el favor decia que su paeja era una mujer y en la otra mitad decía que su pareja era otro hombre (por lo tanto era homosexual). Cuando daba a entender que era homosexual, quien contestaba al teléfono ayudaba en menos ocasiones (tanto si éste era hombre como si era mujer) que cuando era heterosexual. Obviamente, en la época en que se realizó este estudio la actitud hacia la homosexualidad era bastante más negativa de lo que es ahora, pero nos sirve para ilustrar el mensaje que queríamos transmitir: ayudamos más a personas que nos gustan.
En cuanto a la semejanza, que, como hemos comprebado, está positivamente relacionada con la atracción interpersonal, también ejerce efectos beneficionsos en la conducta de ayuda. Así, se tiende a ayudar más a un extraño pero  que es del propio país (ya que al fin y al cabo, compartimos con él la pertenencia a una categoría, es decir, tenemos algo en común con él) que si además de extraño es extranjero, aunque a este respecto existen diferencias entre culturas. En general, si el que necesita ayuda es similar a nosotros tenderemos a ayudar, pero si no podemos hacerlo, o si el otro se nos parece demasiado, su problema nos puede recordar que eso mismo nos podría ocurrir a nosotros, lo que nos produce una desagradable sensación de amenaza, atribución defensiva. Para defendernos de ella, podemos distorsionar nuestra percepción de la otra persona, viéndola como diferente a nosotros (es decir, evitando o negando esa amenaza), o bien culparla de lo que le sucede, proceso que se conoce como atribución de responsabilidad a la víctima. Puesto que la probabilidad de ayudar a alguien suele ser mayor si su problema es debido a causas ajenas a él, al hacerle responsable nos distanciamos de esa persona y justificamos nuestra falta de solidaridad. Además, centrándonos en la causa de lo  ocurrido, controlamos la sensación de amenaza.
Una cuestión íntimamente ligado a la semejanza es la de la convivencia de las diferentes etnias y nacionalidades en las grandes ciudades debido a la inmigración. En un estudio clásico, Gaertner y Dovidio /1977) hicieron que un participante blanco escuchara “por casualidad” un accidente grave que sufría una persona que trataba de enviarle un mensaje desde una sala contigua a la suya. Las variables que se manipulaban en el estudio (VI) eran dos, con dos niveles cada una:
  • (1) el número de testigos (en unas condiciones el participante creía ser el único en haber oído el accidente; mientras que en otras se le decía que otras dos personas también lo habían oído)
  • (2) el grupo étnico de la víctima (en unos casos se decía que ésta era blanca y en otros que era negra).
Según el fenómeno de la difusión de responsabilidad (que consiste en la inhibición del comportamiento de ayuda ante la presencia de otras personas porque todos piensan que otro ayudará), los participantes deberían ayudar más a la víctima cuando creían estar solos, ya que no habría otras personas que pudieran hacerlo.
El resultado fue, efectivamente, que ayudaron más en la condición en que estaban solos (cumpliendo la hipótesis). Sin embargo, ayudaron más cuando creían que la víctima era negra que cuando creían que la víctima era blanca (en contra de la que cabía esperar a partir de los estudios sobre semejanza). No obstante, cuando creían que había otros dos observadores, ayudaron en más ocasiones cuando la víctima era blanca que cuando era negra (a pesar de estar influidos por la difusión de responsabilidad)
 Por tanto, sólo se confirma el efecto de semejanza cuando hay observadores. Gaertner y Dovidio interpretan que, cuando el sujeto cree ser el único testigo, la norma sobre lo que hay que hacer en esa situación está muy clara, y su propia imagen se vería perjudicada si violara las normas personales de obligación moral negándose a ayudar a alguien por ser de otro grupo étnico. Sin embargo, cuando hay más personas, no ayudar a la víctima puede justificare porque hay otros que pueden hacerlo (difusión de responsabilidad) en lugar de por racismo, con lo que las normas personales y la propia imagen como persona no racista quedan a salvo. Esta sería, precisamente, una manera de comportarse característica de los racistas aversivos.
En cuanto a la ayuda preferente a las personas del propio grupo frente a la que se presta a las de otros grupos, Levine, Prosser, Evans y Reicher (2005) mostraron que era posible conseguir que este tipo de discriminación disminuyese significativametne apelando a una categoría social de orden superior que fuese capaz de englobar  a más de un grupo. En concreto,  lograron que los participantes en su estudio, todos hinchas del Manchester United, ayudaran casi tanto a una víctima que llevaba una camiseta del Liverpool (el equipo rival) como a uno que vestía los colores de su propio equipo, y significativamente más que a una que llevaba una camiseta lisa. Por supuesto esto no fue así en el primer experimento, donde los participantes prácticamente ni se acercaban al hincha del Liverpool (en realidad un cómplice de los investigadores) que estaba tirado en el suelo retorciéndose de dolor. El cambio se produjo cuando se les hicieron salientes a los sujetos, mediante las instrucciones del experimentador, los aspectos positivos de ser un buen seguidor de un équipo de futbol. A partir de entonces, cualquiera que llevara la camiseta de un equipo de fútbol, fuera de Manchester o del Liverpool, se convertía en “uno de los nuestros”. A pesar de este cambio sustancial en la conducta de los  participantes, el principio que la guía es el mismo: la gente está predispuesta a ayudar a los mienbros de su grupo. La diferencia está en cómo se defina el grupo. Por eso, una estrategia para conseguir que las persones estén dispuestas a ayudar a otras es resaltar identidades que sean inclusivas en lugar de exclusivas. Este es el objetivo de la estrategia de recategorización.
Por último, es más probable que las personas ayuden a quienes se considera que merecen ayuda, probablemente porque se activa la norma de responsabidad social. Bickman y Kamzan (1973) encontraron que en un supermercado era más probable dar dinero para comprar alimentos de primera necesidad que otro tipo de alimentos cuando alguien solicitaba ayuda. Piliavin, Rodin y Piliavin (1969) advirtieron que era más probable que se ayudase a una persona en el metro si parecía enferma que cuando parecía drogada. En este sentido, también se pueden hacer inferencias a través de la teoría de la atribución, como se ha comprobado. Es más probable que ayudemos a alguien si creemos que el problema que tiene está fuera de su control. Las atribuciones que hacemos afectan a nuestras reacciones emocionales hacia las persona que necesita ayuda. Por ejemplo, algunos estudios han indicado que los estudiantes mostraban más simpatía y menos irritación hacia un amigo que había tenido un problema académico que estaba fuera de su control, que cuando había sido responsable del problema. Pensemos en una situación en la que un amigo nuestro suspende un examen porque, aunque ha sacado un 5,5 sobre 10, el profesor decide que se aprueba a partir de la nota media de todo el grupo de clase (y en nuestro grupo la media fue de 6). Esa decisión estaría fuera de control de nuestro amigo. Sin embargo, imaginemos que hubiera sacado un 3,5 por no haber estudiado. Seguramente, nos será mucho más fácil empatizar conél en el primer caso que en el segundo.

La empatía

La empatía produce efectos positivos cuando se utiliza en un contexto interpersonal

Batson y sus colaboradores (1977) realizaron tres estudios donde inducían empatía hacia una mujer joven con SIDA, un vagavundo o un sentenciado a muerte. Los resultados mostraron que en los dos primeros casos mejoraban las actitudes de los participantes no sólo hacia el individuo en cuestión, sino hacia el grupo afectado como un todo. En el tercer caso, no se produjo un cambio inmediato, pero las actitudes hacia el condenado mejoraron una o dos semanas después. Batson ha realizado más estudios en años posteriores demostrando que es posible mejorar la actitud hacia un individuo mediante la inducción experinmental de empatía, y que los beneficios se extienden al grùpo al que ese individuo pertenece. El problema es que las actitudes no siempre se convierten posteriormente en comportamientos.
Sin embargo, Batson, Chang, Orr y Rowland (2002) realizaron un estudio donde mostraron que inducir empatía también tenía un reflejo en el comportamiento. A los participantes se les presentaba una entrevista con una adicta a la heroína y después se les solicitaba su opinión acerca de unos fondos que una determinada Agencia del Senado debía destinar a la ayuda a otros drogadictos. Mientras que a unos sujetos se les decía que fueran objetivos el escuchar el mensaje, a otros se les hacía que tomasen la perspectiva de la drogadicta. cuando se indujo empatía en los participantes, no sólo mejoraron su actitud hacia otros drogadictos sino que también estuvieron de acuerdo con realizar una ayuda económica mayor para otros drogadictos que aquellos a los que no se les había inducido la empatía.

La empatía produce efectos positivos cuando se aplica en un contexto intergrupal

Stephan y Finlay (1999) realizaron una revisión de los estudios que apoyaban que utilizar la empatía en ámbitos intergrupales podía reducir el prejuicio y mejorar las relaciones entre los grupos. Argumentaban que el efecto positivo de la empatía en un contexto intergrupal se puede deber a que podría reducir las diferencias intergrupales y la ansiedad de los miembros de cada grupo ante una posible situación de interacción, ya que al tener que ponerse en “la piel ” del otro grupo éste se vería como más cercano.

Finlay y Stephan (2000) proporcionaron información a 141 estudiantes sobre los incidentes de discriminación que se producen habitualmente en contra de los afroamericanos. Compararon una condición de control (en la que no se pedía a los participantes que empatizaran con el otro grupo) con otra manipulación (toma de perspectiva), en la que se les pedía que empatizaran con los mienbros del grupo discriminado. Los sujetos que participaron en la condición de manipulación mostraron menos prejuicio hacia los afroamericanos que los que se sometieron a la condición de control.

Una de las ventajas de la empatía es que se puede entrenar a las personas para que la sientan a través de ejercicios d role-playin (Barak, 1990; Erera, 1997).
  • Lo que se hace es utilizar unas instrucciones para que el sujeto empatice con alguna persona (como decirle, por ejemplo, “Trate de ponerse en el lugar de la otra persona”, “Intente sentir lo que estaría sintiendo cierta persona en determinada situación”, y si además, se le pide que lo visualice o que lo escriba, todavía puede resultar más eficaz).
  • Después se compara a los sujetos que han recibido instrucciones con otros a los cuales no se les ha realizado la manipulación empática.

*Los resultados muestran que se ayuda más a otras personas cuando se han recibido instrucciones para empatizar con ellas.

En resumen, en las explicaciones de por qué la gente ayuda a otros se combinan factores de tipo emocional y cognitivo, tan relacionados entre sí que sólo tiene sentido separarlos por razones de claridad expositiva.
El aprendizaje de las normas sociales nos hace esperar determinadas recompensas o castigos sociales por actuar de manera prosocial o dejar de hacerlo.
Por otra parte, las normas personales nos hacen experimentar una activación emocional desagradable cuando no actuamos de acuerdo con nuestros criterios de responsabilidad y obligación de ayudar a otros. En cuanto a los factores emocionales propiamente dichos, su efecto motivador de la ayuda depende de cómo se interprete la activación fisiológica que se siente en un determinado momento.
  • Si se trata de emociones negativas, como la ira o el desprecio, la  motivación resultante es la de no ayudar.
  • Si son emocionales negativas de otro tipo, como inquietud, tristeza, o culpabilidad, la motivación es egoísta y la conducta de ayuda tiene como fin reducir ese malestar emocional en quien la realiza.
  • En cambio si la persona interpreta su activación como preocupacióm empática por el problema de la otra persona, la motivación es altruista y la conducta de ayuda tiene la finalidad de reducir el malestar de quien la recibe.
¿Quién es más probable que ayude a otros?

Dos aspectos concretos han llamado la atención de los psicólogos sociales en relación con esta cuestión: ¿ayudan más las mujeres o los hombres?, y ¿se ayuda por igual en todas las culturas? La respuesta a la segunda pregunta, es negativa. En cuanto a la primera pregunta, la respuesta depende de diversas variables.
Hay  una inconsistencia general en la literatura sobre si los hombres ayudan más que las mujeres o sucede al contrario. Aunque diversos estudios muestran que las mujeres, correspondiendo con el estereotipo de que las mujeres son el género prosocial, sin embargo, en las medidas fisiológicas y no verbales de la empatía no se han encontrado diferencias de género. La conclusión que parece extraerse de las investigaciones  realizadas sobre esta cuestión es que realmente depende del tipo de ayuda y del rol social (la función que la persona desempeña independientemente de que sea hombre o mujer). Respecto al tipo de ayuda, se asume que en  situaciones peligrosas, que requieren iniciativa y una intervanción activa, es más probable que intervengan los hombres.
Un meta-análisis de 99 estudios empíricos confirmó:
  • -que los hombres ayudaban más que los mujeres en este tipo de situaciones (Eagly y Crowley, 1986).
  •  -Además, la probabilidad de recibir ayuda en estos casos era mayor para las mujeres que para los hombres.
 La otra respuesta nos la da tener en cuenta el rol social. por ejemplo, pensemos en una mujer bombero, policía o médico. A pesar de enfrentarse a situaciones peligrosas y/o de emergencia, no debería de haber diferencias en su tendencia a ayudar con respecto a un hombre, porque forma parte de su trabajo.
Respecto a si se ayuda por igual en todas las culturas, existen diferencias culturales en este tipo de comportamiento.
El papel de la cultura y el ambiente en la conducta de ayuda
Nuestra disposición a prestar ayuda a un desconocido puede variar considerablemente en función de un conjunto de factores como:
  • las variables ecológicas
  • los indicadores socioeconómicos
  • los rasgos de personalidad
  • los valores culturales.
En este sentido, a nadie se le espapa que en ciudades con una elevada densidad de población, altas puntuaciones en criminalidad, climas inhóspitos, y contaminación ambiental y/o acústica, las personas tienden a no ofrecer su ayuda a un extraño, entre otras causas, porque viven en un contexto ambiental hostil.
Levine apunta, a través del análisis de la conducta de  ayuda y del comportamiento cooperativo, cómo el clima y la densidad de población indicadores pertenecientes a un contexto ecológico), pueden estar incluyendo sobre la conducta de ayuda y el voluntariado. Así a mayor densidad de población se presta menos ayuda a un desconocido. Este resultado es congruente con el efecto del espectador y de la difusión de responsabilidad.
Ahora bien, afirmar que el ambiente condiciona nuestros comportamientos altruista, prosocial y de cooperación es ser excesivamente determinista y no tener en cuenta otros factores que explicarían, por ejemplo, por qué una ciudad como Calcuta, con una alta densidad de habitantes por kilómetro cuadrado y condiciones medioambientales desfavorables, presenta altas puntuaciones en conducta de ayuda en comparación con otras ciudades analizadas en la investigación transcultural de Levine y sus colaboradores (2001).
En los estudios observacionles realizados por el equipo de Levine en 23 ciudades de los cinco continentes, los investigadores analizaron tres conductas espontáneas de ayuda que no supusieran una situación de emergencia: avisar a un peatón al que se le había caído un bolígrafo, ayudar a una persona escaloyada a recoger unas revistas del suelo y a acompañar a un ciego a cruzar la calle. Los resultados mostraron que la disposición a ofrecer ayuda a un desconocido presentaba un perfil cadi similar para las tres conductas analizadas en cado una de la ciudades estudiadas, pero también existía diversidad cultural. Una conclusión que puede sacarse de estos trabajos es que no podemos suponer que una variable aislada (por ejemplo, el clima o el paso rápido al caminar) pueda ser determinantes en nuestra conducta de ayuda, ya que la explicación es multicausal.
Esta multicausalidad queda patente en el capítulo de Carrera, Caballero y Oceja (2003), en el que presentan diferentes relaciones entre la conducta de ayuda y variables de tipo socioeconómico, cultural y psicológico. Así, las personas pertenecientes a países con un elevado índice de desarrollo humano, es decir, con una buenas condiciones económicas, sanitarias y educativas, se caracterizan por prestar poca ayuda a un desconocido. De este resultado se desprende que las personas que viven en contextos más pobres tenderían a ofrecer su ayuda a un extraño. De hecho, los resultados de un análisis multinivel realizado con muestras pertenecientes a 33 países pusieron de manifiesto una relación positiva y estadísticamente significativa entre el voluntariado y el clima inhóspito y el bajo nivel de ingresos de un país. Es decir, las personas con escasos ingresos económicos y que, además, viven en climas desagradables se caracterizaron por un comportamiento más cooperativo.
Respecto a los valores culturales, y  tras lo expuesto hasta ahora, podríamos pensar que en las sociedades colectivistas, puesto que suelen se más pobres que las individualistas, se prestará más ayuda a los desconocidos. al mismo tiempo, dado que los individualistas están más centrados en el éxito y el logro, y se caracerizan por un mayor desarrollo social y un ritmo de vida más acelerado, lo esperable sería que ofrecieran ayuda con menos frecuencia que los colectivistas. Esto es lo que obtenían Bontempo y sus colegas en el estudio que se ha comentado. Sin embargo, otros resultados de investigación no muestran una asociación significativa entre la dimensión cultural individualismo-colectivismo y la conducta de ayuda. Una posible explicación es que los colectivistas establecen diferencias más marcadas entre el endogrupo y el exogrupo que los individualistas y, como consecuencia, pueden cooperar más con miembros de su endogrupo, pero suelen ser más competitivos y distantes con las personas desconocidas. En cambio, los individualistas, en caso de prestar ayuda, no tienen en cuenta la pertenencia grupal del que la necesita.
¿¨Cómo se explicaría, entonces, que en  el estudio transcultural de Levine (2001) se encontrara que ciudades caractizadas por valores colectivistas, como por ejemplo, Rio de Janeiro y San José de Costa Rica, mostraban un alto índica de conducta de ayuda ante un desconocido, en contradste con culturas individualista, (por ejemplo, Nueva York ocupó uno de los últimos puestos del ranking)? La explicación que proponen Levine y sus colaboradores es qye kas culkturas colectivistas latinas enfatizan la “simpatía” (algo que no ocurre en las culturas colectivistas asiáticas; por ejemplo, los patrones de ayuda encontrados por Levine en Rio de Janeiro y en Singapur muestran una importante diferencia porcentual, 93,33% y 48%, respectivamente).

Según Triandis, Marín, Lisansky y Betancourt (1984), en las sociedades latinas se valora la capacidad de “ser simpático”, de mostar simpatía hacia los otros. La siguiente cita ilustra en qué consiste esta capacidad: *Ser cortés en America Latina quiere decir ser simpático, hacerse querer. En un contexto en el que la opinión de los demás es tan importante, la seducciñon se inscribe en las normas de convivencia: cuanod unodice “buenos días” lo acompaña de una frase valorizante (“qué bien te ves”); se hacen comentarios agradables, aunque nadie cree realmente; se hacen poruqe así es la costumbre. De la misma manera, cierteas frases afirmativas no implican un compromiso sino que son sólo un rito (“te llamo uno de estos d´´ias”, o “espero que nos volvamos a ver”); nadie las interpreta como mentiras.* . (Vázquez y Araujo, 1990, pp.59-60).

En definitiva, el individualismo-colectivismo no presenta una influencia simple sobre la conducta de ayuda ya que variables como la pertenencia grupal y la simpatía pueden estar mediando entre los valores culturales y los comportamientos prosociales.

En conclusión, a través de la conducta de ayuda vemos cómo los valores culturales, las variables socioeconómicas y el ambiente se  entrelazan entre sí. Hay que tener en cuenta, además, como señalan Levine (2003), que en muchos contextos lo adaptativo es no ayudar. Por ejemplo, en ciudades como Tel Aviv, donde existe una alta incidencia de terrosrismo, no es habitual, ni recomendable, que una persona recoja ningún objeto sin asegurarse previamente de su procedencia, ya que este acto de prestar ayuda sin tomar precauciones puede tener un fatídico desenlace.

Social

Vamos a empezar con psicología social, el tema 8 cuyo título es conductas de ayuda.
Introducción
La conducta prosocial, la conducta de ayuda y el altruismo han captado la atención de los psicólogos sociales desde hace décadas.
Historia del estudio de la conducta de ayuda desde la psicología social.
En 1908, William McDougall escribió un manual introductorio de Psicología Social donde examinamos el impacto ejercido por las variables sociales en el comportamiento. Una de esas variables era la conducta prosocial. McDougall afirmaba que dicho comportamiento se producía como consecuencia del instinto parental. sin embargo, debido a que la corriente dominante en aquella época era el conductismo, basado en la psicología como ciencia del comportamiento, en la que sólo tenía cabida el estudio de la conducta manifiesta como reacción a los estímulos del medio físico, biológico y social, la idea de una causa interna no observable, como el instinto, no tuvo mucho éxito en la disciplina. Tras un vacío de casi sesenta años, no fue hasta los setenta del siglo pasado cuando se comenzaron a escribir monografías sobre el tema, y hasta mediados de los ochenta cuando el altruismo y la conducta de ayuda empezaron a aparecer como áreas de interés en los manuales de Psicología Social.
Lo llamativo es que un solo hecho hizo que la conducta de ayuda resultase atractiva para su estudio por parte de la Psicología Social. Muchos autores coinciden en señalar la muerte, en 1964, de Kitty Genovese como el momento a partir del cual se disparó el interés por el estudio de la conducta de ayuda, aunque ya se había empezado a investigar a finales de los años 50. Tras el vacío de los años precedentes, en los 15 años siguientes a este acontecimiento se publicaron más de mil trabajos de investigación sobre el tema.
Este suceso llamó la atención de dos psicólogos sociales, Latané y Darley, quienes comenzaron a investigar el efecto del espectador. Su principal objetivo era determinar cuándo las personas ayudaban y cuándo no lo hacían. Entre los años 70 y 80, el interés se centró en averiguar por qué se ayuda, lo que originó un debate sobre si se hacía por intereses personales o porque realmente se estaba motivado para satisfacer las necesidades del otro. Fue en los años noventa cuando se comenzó a estudiar por qué los individuos forman grupos para ayudar a otros y cuál es la mejor forma de gestionar el comportamiento de ayuda planificado.
Kitty Genovese
Escena del crimen
CONCEPTOS BÁSICOS:
  • CONDUCTA PROSOCIAL
  • CONDUCTA DE AYUDA
  • ALTRUISMO
  • COOPERACIÓN
Los términos de “conducta prosocial” y “altruismo” se utilizan con frecuencia de forma intercambiable. Sin embargo, hay diversas características que los distinguen.
  • CONDUCTA PROSOCIAL es un término general que se refiere a todos los comportamientos que benefician a los demás, gracias a los cuales la sociedad funciona mejor, como por ejemplo, cumplir las normas o reciclar la basura. Puede estar basada en una mezcla de motivos altruistas y egoistas.
  • CONDUCTA DE AYUDA es cualquier acción que benficia o mejora el bienestar de una o varias personas en particular, como por ejemplo, ayudar a levantarse a alguien que se ha caido.
  • ALTRUISMO es mucho más concreto, tienen un componente adicional a las conductas prosocial y de ayuda, y es que la motivación de la persona que realiza la ayuda se caracteriza por el énfasis en las necesidades del otro. Una conducta altruista es una acción que proporciona beneficios a otro sin la expectativa de recibir nada a cambio, y cuyo fin último es aumentar el bienestar de quien o quienes reciben la ayuda.
  • COOPERACIÓN incluye a dos o más personas que trabajan conjuntamente hacia una meta común que les beneficiaría a todos.
 Uno de los grandes debates sobre el comportamiento de ayuda y el atruismo se refiere si realmente somos capaces de ayudar a los demás sin pretender obtener nada a cambio. En los últimos años se ha acabado aceptando que el altruimo existe, a pesar de que, siga quedando algún detractor de esta postura.

TRES NIVELES DE ANÁLISIS EN EL ESTUDIO DE LA CONDUCTA DE AUDA, LA CONDUCTA PROSOCIAL Y EL ALTRUISMO
Los orígenes de las tendencias prosociales en las personas
  • Las teorías de la evolución
  • Bases biológicas de la conducta prosocial

Las teorías de la evolución

Desde las teorías neodarwinistas de la evolución, el altruimos no se define en términos motivacionales, como en Psicología Social, sino en función de sus consecuencias. Los tres mecanismos principalmente propuestos desde esta perspectiva para explicar por qué las personas ayudan a los demás son:
  • Selección de parentescos
  • Altruismo recíproco
  • Selección de grupos
Las tres explicaciones coinciden en afirmar que las tendencias prosociales existen en los humanos porque estamos genéticamente predispuestos a actuar prosocialmente, y por el éxito que ha acompañado a lo largo de la evolución a las personas y grupos que han realizado este tipo de comportamientos.
  • SELECCIÓN DE PARENTESCO se basa en lo que realmente es importante para la supervivencia de una especie, es el éxito en la transmisión genética a los mienbros de las generaciones siguientes (Hamilton, 1964). Por tanto, la respuesta a la pregunta ¿Ayudamos más a nuestros hermanos, o hijos, que a los desconocidos? Desde este enfoque sería un rotundo SI. Por ejemplo, los padres que prefieren el bienestar de sus hijos antes que el propio tienen mayor probabilidad de que sus genes se conserven, ya que sus hijos se encargarían de continuar la transmisión de esos genes. Esto se denomina eficacia biológica inclusiva, y es lo que explica que este tipo de conductas no se hayan extinguido con los que la realizaban. La literatura muestra que existe una correlación entre el porcentaje de genes que dos individuos comparten y la voluntad de ayudarse  entre sí , así como que los personas están más dispuestas a ayudar a sus familiares que a quienes no lo son (Barret, Dunbar y Lycett, 2002).
Estos trabajos han recibido diferentes críticas. Algunas de ellas se refieren a que los resultados podrían explicar también por el funcionamiento de la norma de la responsabilidad social (hay que ayudar a los que dependen de nuestra ayuda), o a que la concepción de “familia” no es igual en todas las culturas. El problema con la perspectiva por parentesco es que está excesivamente  centrada en el enivel genético, y no permite explicar fenómenos que se dan a otros niveles. Es bastante probable que, en tiempos de nuestros ancestros, haya sido tan adaptativo para la supervivencia y la propagación de los propios genes ayudar a un pariente directo como a un miembro no emparentado del grupo, si esto suponía que el grupo sobreviviera y prosperara, lo cual en definitiva habría beneficiado al individuo y a sus genes. Este es probablemente el origen de muchos principios o normas que regulan la conducta prosocial.
En un estudio en el que se intentaba determinar en qué condiciones influye más el parentesco o las normas morales, Burnstein, Crandall y Kitayama (1994) pedían a participantes de dos culturas diferentes (norteamericanos y japoneses) que eligieran a quié querían ayudar entre varias personas (parientes y no parientes), en una situación en la que dichas personas les hacían una petición de bajo riesgo o implicación (que les hicieran un recado), o de alto riesgo o implicación (que les salvaran de un incendio).
Los resultados, semejantes para ambas culturas, mostraron que:
En situaciones de vida o muerte (cuando la eficacia biológica inclusiva se ve reducida si muere el pariente) predominan los criterios de tipo moral y por normas sobre lo que es socialmente valorado, como ayudar al más necesitado o al más vulnerable (ayudando más, por ejemplo al enfermo que al sano y al pobre que al rico).
  • ALTUISMO RECÍPROCO Trivers (1971) acuñó este término para referirse a que un indiciduo puede tomar la decisión de ayudar o no al otro bajo la previsión de que el otro le devuelva a él o a sus parientes la ayuda en el futuro. Este mecanismo está intimamente relacionado con la norma de reciprocidad, a la que ya se ha hecho referencia.
En la segunda mitad del siglo XIX, Darwin intentó explicar, conforme a su teoría evolutiva, conductas como la que nos servirá de ejemplo para esta explicación: el “altruismo”, o la capacidad que presenta un individuo para favorecer a otro, incluso a riesgo de que ese acto reduzca o le haga perder toda oportunidad de tener descendencia. A pesar de constatar esta realidad, el prestigioso naturalista no encontró la forma de hallar algún tipo de recompensa biológica que justificara esta suerte de comportamiento, lo que bloqueó la creación y desarrollo de una teoría darwiniana del comportamiento social durante años.

  • LA NORMA DE RECIPROCIDAD aplicada a este contexto prescribe que deberíamos ayudar a quienes nos ayudan. regan (1971) mostró cómo el simple hecho de que un sujeto experimental (que realmente era cómplice del experimentador) le trajera un refresco a otro entre dos sesiones de un experimento hizo que este último le comprase más papeletas para un sorteo. Diversos autores han sugerido que el caracter aparentemente universal de la norma de reciprocidad es una evidencia de su naturaleza innata. La norma de reciprocidad es muy fuerte y existen numerosos datos que muestran su influencia en culturas diferentes (Gergen, Ellworth, Maslach y Sipel, 1975; Schroeder, Penner, Dovidio y Piliavin, 1995).
La literatura en este campo muestra que las personas están más didpuestas a ayudar a quienes les han ofrecido su ayuda anteriormente pero que además, ayudar a otros incrementa el estatus de una persona dentro de su comunidad. Existe incluso una teoría que defiende que, en ocasiones, ciertas personas están dispuestas a realizar acciones de ayuda muy costosas a pesar de que quien la realiza tiene los recursos y la habilidad suficientes para poder llevarla a cabo conlleva que perciban a esa persona con un mayor estatus (McAndrew, 2002).
En aquel trabajo Trivers trataba de solventar este espinoso asunto mediante la llamada Teoría del Altruismo Recíproco, una pauta de conducta en la que un organismo da un beneficio a otro sin esperar ningún pago inmediato. Ahora bien, para que esta situación se consolide ha de cumplir ciertas normas. En primer lugar el altruismo recíproco debe desencadenar un superávit de cooperación, en el sentido de que las ganancias para el beneficiario deben ser, al menos, un poco mayores que el coste para el benefactor. En segundo lugar, el beneficiario original tendrá que favorecer en el futuro a su benefactor si la situación se invirtiese. En el caso de que fallen alguna de estas dos circunstancias, el benefactor original no reincidiría en futuros actos de altruismo.
Para que el individuo altruista no sea explotado por los tramposos, se supone que el primero ha de contar con mecanismos para identificar y castigar a los segundos. Se trata de una pauta de comportamiento similar a la estrategia del “toma y daca” en la Teoría de Juegos: un jugador coopera con otro hasta que éste le traiciona. Dicha condición la extrapola Trivers a la conducta humana con el siguiente ejemplo: “Tenemos muchísima susceptibilidad ante los tramposos. Si estoy esperando en una de esas horribles colas para el control de seguridad en Estados Unidos y hay gente que se salta la cola y se pone al principio, dentro de mí crece un enfado enorme, desproporcionado al coste, que es muy pequeño, pero me resulta exasperante. Y creo que el motivo es que, si este tipo de trampas se repiten, un día tras otro, un mes tras otro, desequilibran las relaciones y pueden suponer un gran coste en nuestras vidas… Así que sentimos emociones muy intensas contra los tramposos y tenemos un sentido de la justicia muy fuerte, así como resistencia ante las situaciones injustas, por lo menos en la medida en que esta injusticia nos afecte. Estamos más que dispuestos a tener una relación injusta en la que es otro el que sufre la injusticia y nosotros negamos que sea injusto…”

Uno de los ejemplos de altruismo recíproco más paradigmáticos afecta al vampiro (Desmodus rotundus), un murciélago que se alimenta de sangre. Se ha observado que los individuos de esta especie comparten su alimento con otros miembros de su misma colonia que han tenido menos suerte en la cacería nocturna. Para ello, supuran por las fauces una parte de la sangre que han ingerido. Ahora bien, puesto que este comportamiento lo ejecutan por igual todos los individuos de la colonia, el acto en apariencia altruista es en realidad un “hoy por ti, mañana por mí”.
¿Mutualismo derivado o altruismo recíproco? Sea cual sea la interpretación correcta, lo cierto es que la cooperación en el mundo animal nos evoca el origen brumoso y lejano de sentimientos tan genuinamente humanos como la solidaridad o la venganza.  

  • SELECCIÓN DE GRUPOS desde esta perspectiva, el éxito evolutivo se puede dar a nivel individual pera también a nivel grupal. Según esta teoría, cuando dos grupos compiten entre sí, aquel que tenga más personas dispuestas a sacrificarse por su grupo, o a cooperar entre sí, será capaz de quedar por encima de un grupo en el que predominen las personas egoístas. Aunque durante mucho tiempo esa idea, sugerida inicialmente por Darwin, ha sido desechada por falta de apoyo empírico, actualmente ha sido retomada para contrarrestar el excesivo énfasis en los genes como único nivel de selección (Caporael, 2001; Sober y Wilson, 1998; Wilson y Wilson, 2007).
La propuesta de considerar que las tendencias prosociales pasan de generación en generación vía genes tiene dos implicaciones:
  • 1ª: debería haber procesos fisiológicos o neurológicos que favorecieran que la conducta altruista tenga lugar
  • 2ª al menos algunos de los mecanismos que faciliten la conducta prosocial son heredados. De ahí el interés de tener en cuenta las bases biológicas y genéticas de la conducta prosocial.
Bases biológicas y genéticas de la conducta prosocial
Desde esta perspectiva se aume que en la mayoría de las ocasiones no parece que las personas realicen la conducta prosocial reflexivamente, aunque sí existe un componente o estado afectivo o emocional que antecede a dicha conducta. Los acercamientos a la conducta prosocial desde esta perpectiva se han centrado sobre todo en un estado afectivo en particular, la empatía.
La empatía como estado afectivo es la capacidad de experimentar las mismas emociones que otra persona a la que está observando. Es algo ya aceptado en la literatura que muchas repuestas empáticas preceden a conductas prosociales, y que la empatía aparece en los humanos desde la más temprana infancia, lo cual llevaría a pensar que es algo innato.
Preston y de Waal (2002) elaboraron el modelo de “percepción acción” para tratar de explicar la empatía desde el punto de vista de la neuroanatomía. Según este modelo, si una persona presta atención al estado emocional de otra, se activa en su cerebro una representación de dicho estado emocional que genera una respuesta asociada a él. Como las personas pasan mucho tiempo con sus familiares y amigos, el beneficio biológico de ayudarles sería el resultado de una organización enormemente adaptativa de sus sistema nervioso que les predispondría a experimentar empatía y a realizar conductas prosociales.
A pesar de todo, no se ha identificado una zona concreta del cerebro donde esté localizada la empatía. De hecho, los investigadores no hablan de “zonas”, y menos de “órganos”, sino de sistemas interconectados para una habilidad concretaSe ha localizado en la corteza cerebral un grupo de neuronas con la capacidad de descargar impulsos, tanto cuando una persona observa a otra realizar un movimiento, como cuando es el propio individuo quien lo hace. A estas neuronas se las ha denominado  “neuronas de espejo”. Forman parte de un sistema de “percepción/acción”, de modo que la observación de movimientos de la boca o mano o pie de otro, activa en el observador las mismas regiones de la corteza motora que si él mismo estuviera realizando esos movimientos (Blakemore y Decety, 2001), a pesar de que esta activación motora no se transforme en movimiento.
Algunos psicólogos del desarrollo han criticado el modelo de “percepción/acción” considerando que la relación que establece entre los procesos neurológicos y la respuesta empática es demasiado simple y no tiene en cuenta los cambios a lo largo del desarrollo del individuo.
Variables que influyen en el desarrollo de la conducta de ayuda en las personas.
  
LA CONDUCTA DE AYUDA INTERPERSONAL
¿Por qué ayudamos a los demás?
 En las décadas de los 80 y 90 del siglo pasado, la principal preocupación de los psicólogos en el área de la conducta de ayuda fue determinar que qué ayudamos a los demás. se propusieron principalmente tres mecanismos explicativos:
  • El aprendizaje
  • Los valores morales, sociales y personales
  • Activación o emoción
  • La explicación basada en el aprendizaje propone que las personas aprenden a ayudar por los principios del refuerzo y el modelado. Según el principio de refuerzo, aprenderemos a ayudar si somos recompensados por ello. Simplemente diciendo “gracias”, aumentamos la probabilidad de que la persona que ha realizado el comportamiento de ayuda vuelva a ayudar, y no sólo a nosotros, sino también a otras personas. En cuanto al modelado, los programas de televisión, por ejemplo, podrían fomentar la conducta de ayuda a través de  modelos que se comportan prosocialmente.
  • En lo referente a valores sociales morales y personales, normas tales como responsabilidad social y reciprocidad, a las que ya nos hemos referido, u otras de carácter más personal, como por ejemplo, ayudar como un medio para mantener una imagen positiva de uno mismo, para conseguir alcanzar los propios ideales o satisfacer necesidades personales, pueden ser motivos suficientes para ayudar.
Esta perspectiva postula que hay unas normas que tenemos interiorizadas y que nos dictan cuándo deberíamos ayudar a una persona. Desde este enfoque, los factores sociales son más importantes que los biológicos para explicar el comportamiento prosocial.
Schwart (1977) trabajó sobre la diferencia entre las normas sociales y las personales. Este autor sugiere que las personas construyen las normas para situaciones específicas, por lo que podrían ser diferentes en el mismo individuo en distintas situaciones. No obstante, las personas con estructuras de valores más estables tenderían a comportarse igual en la mayoría de las situaciones. Más adelante: Schwart y Howard (1981) proponen su modelo procesual de altruismo, con cinco pasos:
  • 1- Atención: la persona se da cuenta de que alguien necesita ayuda, se selecciona una acción altruista y el individuo se autoatribuye la competencia necesaria para llevarla a cabo.
  • 2- Motivación: el individuo se construye una norma personal y se genera el deber moral de ayudar.
  • 3- Evaluación: la persona compara los costes y lso beneficios de ayudar.
  • 4- Defensa: la persona puede hacer una evaluzación anticipada de qué sucedería si no toma la decisión de ayudar, lo cual obviamente reduce la probabilidad de hacerlo.
  • 5- Conducta: es el resultado de la decisión final, en la cual puede influir un efecto boomerang, por el cual las personas con gran probabilidad de comportamiento altruista no ayudarán si piensan que intentan aprovecharse de ellos.
Además de estas normas morales sociales, personales, la gente también se guía por normas de justicia social. Una de las principales es la de equidad: dos personas que hacen una misma contribución deberían tener la misma recompensa. Existen estudios que muestran que las personas que han recibido más recursos, o que se han ganado más dinero en un juego, tienden a dar parte al que ha perdido para tratar de restaurar la equidad (Schmitt y Marwell, 1972; Walster, Walster y Berscheid, 1978).
 Las normas de reciprocidad y justicia social parecen comunes a todas las sociedades. En cambio según algunos autores, la norma de responsabilidad social (debemos ayudar a quienes dependen de nuestra ayuda) no es universal (Miller y Luthar, 1989). Mientras que en unas culturas se cumple habitualmente la norma moral de ayudar a quien lo necesita, en otras depende más del contexto y de las atribuciones que se hagan de por qué se necesita la ayuda. Por ejemplo, se ha estudiado cómo influye el que se trate de una cultura individualista o colectivista. Bontempo, Lobel y Triandis (1990) encontraron que, aunque no había diferencias en cuanto a la intención de ayudar entre una muestra de estudiantes norteamericanos (cultura individualista) y otra de estudiantes brasileños (cultura colectivista) cuando debian responder publicamente, en privado los primeros estaban mucho menos dispuestos a hacerlo por los segundos, sobre todo si prestar ayuda suponía un coste personal elevado, y mostraron poco entusiasmo por cumplir con lo que se esperaba de ellos, mientras que los brasileños afirmaban diafrutar con ello.La conclusión de los autores es que en las culturas colectivas las personas tienen mucho más interiorizadas las normas del propio grupo; en cambio, los miembros de culturas individualistas cumplen  esas normas por la presicón de la deseabilidad social.
  • El tercero de los mecanismos propuestos para explicar por qué  ayudamos, es decir, la activación y la emoción, tiene que ver con la importancia de los aspectos emocionales en el comportamiento de ayuda. Las personas se activan ante el malestar de los demás, y esto ocurre en todas las culturas (Eisenberg y Fabes, 1991).
Cuando las emociones se activan, las personas pueden  ayudar a los demás, pero pueden hacerlo por dos motivos distintos:
  • -para reducir su propio malestar, lo cual se se interpretaría como una motivación egoísta.
  • -porque se ponen en el lugar del otro y quieren aliviar el malestar de esa persona, es decir, por una motivación altruista.
El principal defensor del primer argumento es Robert Cialdini, y del segundo es Daniel Batson.
Desde la perspectiva de la motivación egoísta, el equipo de Cialdini propuso el modelo del alivio del estado negativo (cialdini, Kendrich y Baumann, 1982). Segúnn este modelo, las personas ayudan para:
  • obtener un premio
  • evitar un castigo
  • librarse de un estado emocional negativo
Cuando experimenta sentimientos de culpa o de tristeza al ser testigo del daño sufrido por otra persona, el individuo se siente motivado a reducir su propio estado emocional negativo. Una forma de hacerlo es ayudando, si cree que eso le hará sentirse mejor, pero si encuentra otra posibilidad para reducir el malestar, no ayudará. Según este modelo, el estado emocional negativo puede producir comportamiento de ayuda independientemente de a qué se atribuya  el problema de la víctima (ya que se pone el énfasis en uno mismo), y la conducta de ayuda sólo es una alternativa más para solucionar la activación negativa. Los defensores de esta perspectiva no sólo plantean que la motivación por la cual ayudamos es egoísta, sino además que no existe relación entre la conducta de ayuda y la motivación empática (Cialdini, Brown, Lewis, Luce y Nueberg, 1977). Sin embargo, parece consistentemente probado que la preocupación empática produce un comportamiento de ayuda motivado altruistamente.
Existen diversas definiciones de empatía.
  • Empatía es la capacidad que consiste en inferir los pensamientos y sentimientos de otros, lo cual genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura (Batson et al., 1997).
  • También se ha definido como una habilidad social que permite a la persona anticiparse a lo que otras personas piensan y sienten, para poder comprender y experimentar su punto de vista.
En general, se acepta que existen dos tipos de empatía:
  • cognitiva
  • emocional.
La empatía cognitiva se refiere a tomar la perspectiva de la otra persona, es decir, ponerse en su lugar.
La empatía emocional tiene dos variantes
  • constiste en experimentar las mismas respuestas emocionales que experimenta la otra persona (empatía paralela),
  • reaccionar emocionalmente ante las experiencias que eso otra persona está viviendo (empatía reactiva).
El primero de los tipos de empatía (cognitiva) es lo que suele conocerse con ese mismo nombre, es decir, empatía, o también toma de perspectiva.
La empatía emocional se conoce como simpatía, respuesta emocional o toma de perspectiva afectiva.
Existen pruebas de que la empatía produce efectos positivos tanto cuando se utiliza en un contexto interpersonal como cuando se aplica en un contxto intergrupal.

 .

Ejecución asintónica de evitación

EJECUCIÓN ASINTÓNICA DE EVITACIÓN






La teoría de los dos procesos:

• Especifica los mecanismos responsables de la adquisición de la conducta de evitación.
Realiza predicciones sobre la naturaleza de la ejecución de una vez que la respuesta ha sido bien aprendida.

• Específicamente, predice que la fuerza de la respuesta de evitación fluctuará en ciclos.

Siempre y cuando suceda una respuesta de evitación con éxito, la descarga se omitirá en eso ensayo.

Éste es un ensayo de extinción para la respuesta de miedo condicionado. La repetición de la respuesta de evitación (y, por tanto, los ensayos de extinción sólo con el EC) debería producir la extinción del miedo. A medida que el EC se extingue, habrá un menor reforzamiento provocado por la reducción del miedo, y la respuesta de evitación debería también extinguirse. Sin embargo, cuando no se evita la descarga, el EC se empareja con el EI. Este emparejamiento debería reinstaurar el miedo al EC y restablecer el potencial para el reforzamiento a través de la reducción del miedo, recondicionando en consecuencia la respuesta de evitación. Por tanto, la teoría predice que tras la adquisición inicial, la respuesta de evitación fluctuará en ciclos de extinción y readquisición.

Aunque se ha obtenido evidencia de respuesta de evitación cíclica asintónica (por ejemplo, Sheffield, 1948), ésta no siempre se observa. Algunos investigadores han argumentado que una de las características propias de la conducta de evitación es su persistencia. La respuesta de evitación puede continuar durante muchos ensayos después de que las descargas hayan desaparecido, en tanto la respuesta continúe siendo efectiva para finalizar para finalizar el EC. En un experimento (Solomon y cols., 1953), por ejemplo se encontró que un perro había ejecutado con éxito la respuesta de evitación en 650 ensayos sucesivos tras sólo unas pocas descargas.
Según la teoría de los dos procesos, existen varias aproximaciones para explicar los casos en los que la conducta de evitación persiste después de que ya no se dispensa el estímulo aversivo incondicionado. Una aproximación está basada en la observación de que una vez que una respuesta de evitación ha sido bien aprendida, ocurre con una latencia corta. Debido a que el animal responde rápidamente para terminar el EC, nunca se experimentan los segmentos posteriores de EC y en consecuencia no tienen oportunidad de extinguirse. La latencia corta de las respuestas de evitación bien aprendidas sirve para proteger los segmentos posteriores del EC de la extinción u contribuye, por tanto, a la persistencia de la conducta de evitación. Este mecanismo, propuesto en principio por Solomon y Wyner (1953), de denomina conservación del miedo.

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¿Cuándo aprenderemos a ser seres humanos?
Se repite…. Se repite…. Se repite …
MEDICIÓN INDEPENDIENTE DEL MIEDO DURANTE LA ADQUISICIÓN DE LA CONDUCTA DE EVITACIÓN
Otra estrategia importante que ha sido utilizada en la investigaciones sobre conducta de evitación implica la medición independiente del miedo y de la respuesta instrumental de evitación. Esta aproximación está basada en la asunción de que el miedo  y el condicionamiento de la conducta de evitación instrumental deberían darse conjuntamente. Contrariamente a esta prdicción, sin embargo, el miedo condicionado y la respuesta de evitación no siempre están muy bien correlacionados (Mineka, 1979).
Pronto se advirtió en la investigación del aprendizaje de evitación que los animales se vuelven menos miedosos si realizan más eficazmente la respuestas de evitación (Solomon, Kamin y Wynne, 1953; Solomon y Wynne, 1953). Desde entonces, se han utilizado medidas más sistemáticas del miedo.
Una técnica conductual popular para medir el miedo incluye el procedimiento de supresión condicionado. En esta técnica, los animales:
  • Primero son condicionados para presionar una palanca de respuesta para un reforzamiento con comida.
  • Se presenta entonces un EC condicionado con una descarga mientras los animales responden para obtener comida. En general el EC produce la supresión de la conducta de presión de palanca, y se asume que el grado de supresión refleja la cantidad de miedo elicitado por el EC.
Si la señal de aviso en un procedimiento de evitación llega a elicitar miedo, entonces la presentación de ese estímulo de aviso en un procedimiento de supresión condicionada debería dar como resultado una supresión de la conducta reforzada por comida.
Esta predicción se comprobó por primera vez en un famoso experimento de Kamin, Brimer y Black (1963). Las ratas se entrenaron en principio para presionar una palanca de respuesta por un reforzamiento de comida en un programa de intervalo variable.
  • Los animales fueron entonces entrendos para evitar la descarga en respuesta a un EC auditivo en una caja de lanzadera.
  • El entrenamietno continuó hasta que grupos independientes de animales evitaron con éxito la descarga en 1, 3, 9 ó 27 ensayos consecutivos.
  • Los animales fueron entonces devueltos a la caja de Skinner para presionar la palanca.
  • El EC auditivo que había sido utilizado en la caja de lanzadera fue presentado periódicamente para ver cuánta supresión de presión de palanca se produciría.
Los resultados están resumidos en la siguiente figura:
Supresión de la presión de palanca a cambio de comida durante un EC que se condicionó previamente en un procedimiento de evitación de descarga. Grupos independientes recibieron entrenamientos de evitaciòn hasta que alcanzaron un criterio de 1, 3, 9 ó 27 respuestan consecutivas de evitación. Las puntuaciones de supresión se ajustaron con respecto al grado de supresión producido por el EC antes del condicionamiento de evitación. Los valores más bajos de la razón ajustada indican una mayor supresiójn dela presión de palanca.
Los valores más bajos del índice de supresión indican interferencias mayores en la presión de la palanca por el EC de evitación de descarga.
  • Se observó un aumento en el grado de supresión de la respuesta en los grupos de ratas que habían recibido el entrenamiento de evitación hata que evitaron con éxito la descarga entre  1 y 9 ensayos consecutivos.
  • Sim embargo, con un entrenamiento de evitación más extenso, la supresión de la respuesta disminuyó.
Los animales entrenados hasta que evitaban la descarga en 27 ensayos consecutivos mostraron menos supresión condicionada al EC de evitación que los animales entrenados hasta un criterio de 9 evitaciones consecutivas.
  • Este resultado indica que el miedo medido como supresión condicionada, disminuye durante un entrenamiento de evitación prolongado, y que está a un nivel mínimo tras un entrenamiento extenso. Curiosamente , la disminución del miedo no se acompaña de un descenso en en la fuerza de evitación.
La disminución del miedo al EC con un entrenamiento de evitación extenso plantea un problema para la teoría de las dos procesos. sin embargo, la evidencia reciente y la argumentación teórica sugieren que la amplitud de la teoría de los dos procesos puede acomodar este hallazgo.
Aunque es ampliamente aceptado que el miedo disminuye a medida que la evitación condicionada progresa, el EC continúa elicitando algún miedo -es decir, el miedo no disminuye hasta cero_. Mcallister y McAllister (1991) apuntaron que mientras el EC elicite algún nivel de miedo, la terminación del EC  puede producir una reducción del miedo y, por tanto, reforzar la conducta de evitación. Es más, cuando la respuesta de evitación llega a estar bien aprendida, puede bastar un pequeño grado de reducción del miedo para mantener la respuesta. (Para factores adicionales que pueden llevar a una disolución entre la respuesta de evitación y el miedo elicitado por el estímulo de aviso según estudios).