Empatía, simpatía, o ¿metemos la pata?

EL EFECTO ESPECTADOR
En 1968 Darley y Latané habían realizado un experimento en el que manipulaban el número de observadores en una situación de emergencia, para poner a prueba su hipótesis de que cuantas más personas haya presentes, menos probable será que alguna de ellas ayude. A cada sujeto se le decía que iba a participar en una discursión acerca de los problemas de los estudiantes en una gran ciudad, y se le hacía pasar a una sala de forma individual indicándole que la discusión se llevaría a cabo a través de un interfono. La variable independiente era el número de sujetos que se le decía participarían con él en la discusión desde otra sala (1, 2 ó 5). El procedimiento consistía en que cada persona hablaría durante dos minutos. Lo que el sujeto escuchaba eran grabaciones, pero él creía que formaba parte de un grupo real. Antes de comenzar la discusión, uno de los supuestos participantes reconocía que, aunque le daba vergüenza decirlo, a veces sufría ataques epilépticos por el estrés que le producía la gran ciudad. Cuando todos los “participantes” habían utilizado sus dos minutos, aquel que comentó lo de los ataques decía, de manera entrecortada y simulando ahogarse, que iba a sufrir un ataque.
La reacciòn de los sujetos ante esta situación se midió de dos formas (variables dependientes):
  • El porcentaje de sujetos que salieron de la  habitación para ayudar a quién decía sufrir el ataque.
  • Tiempo que tardaban en reaccionar los que decidieron hacerlo.
Los resultados que se muestran en la tabla siguiente, indican que cuantos más participantes había supuestamente en el experimento, menor fue el porcentaje de sujetos que intentó ayudar. Además, cuando alguien trató de hacerlo, tardaron más tiempo aquellos que estaban en la situacìón en la que creían que había más personas como se muestra en la figura b. Esto demostraba que cuantas más personas están presentes en una situación de ayuda, es menos la probabilidad de que alguien se decida a ayudar y tardará más  tiempo en hacerlo. Es lo que   se conoce como el “efecto espectador” (bystander effect).
LOS CINCO PASOS DEL MODELO DE DECISIÓN SOBRE LA INTERVENCIÓN EN EMERGENCIAS
PASO 1
¿Algo pasa? Lo primero de lo que ha de darse cuenta una persona es de que algo extraño está sucediendo. Si estamos pendientes de otras cosas, la falta de atención puede inhibir los actos prosociales.
En uno de los clásicos estudios para mostrar cómo la preocupación puede influir sobre los actos prosociales, Darley y Batson (1973) realizaron un experimento con estudiantes seminaristas donde manipulaban dos variables independientes:
  • el tipo de tarea que se les encomendaba (preparar y dar una charla sobre cuestiones profesionales o sobre la parábola del buen samaritano, dependiendo de la condición experimental)
  • la información sobre el tiempo que tenían los participantes para llegar al edificio donde debían dar la charla, tratando de influir así en la presión del tiempo (una vez preparado lo que iban contar, a unos se les comunicaba al marcharse que les sobraba tiempo, a otros que llegarían puntuales y a otros que ya llegaban tarde).
La variable dependiente era si los participantes ayudaban o no a una persona (cómplice de los experimentadores) que se encontraba en el trayecto de un edificio al otro lado, tirado en el suelo tosiendo y quejándose. Los sujetos a los que se dijo que llegaban tarde ayudaban menos, y esta variable tuva más fuerza que el tipo de tares (hablar sobre temas profesionales o sobre la parábola del buen samaritano), la cual no influyó sobre la decisión de ayudar o no.
  • El 66% de los sujetos  a los que se les dijo que llegaban pronto ayudó,
  • el 45% de los que llegaban puntuales, y sólo
  • el 10% de los que llegaban tarde.
Este estudio muestra que las personas se preocupaban más por no llegar tarde que por ayudar a alguien que les necesitaba, incluso aunque fueran seminaristas y tuvieran que hablar sobre la conducta de ayuda y su importancia.
PASO 2
Lo que está pasando… ¿Es una emergencia? Interpretar si lo es o no dependerá de cómo responden otras personas a dicha situación y de que esté claro o no que es una emergencia.
La reacción de los demás nos puede afectar por dos vías:
  • La influencia normativa
  • La influencia informativa
Según la influencia normativa, la persona se plegará a lo que hace la mayoría, bien por “el que dirán” o por los beneficios que le puede reportar.
La influencia informativa suele producirse cuando los individuos tienen que interpretar una situación ambigua, para lo cual tiene en cuenta lo que hacen y dicen las personas semejantes a ellos.
Cuando la situación no está muy clara,  el temor a interpretar como emergencia algo que no lo es, y a sentirnos ridículos, puede influir en que no lo interpretemos como tal. Si existe informaciòn entremezclada, es decir, tanto indicios de que todo va bien como de que algo pasa, las personas tienden a hacer más caso a los primeros. Latané y Darley (1970) realizaron un nuevo experimento. Mientras los participantes cumplimentaban un cuestionario en la sala, ésta comenzaba a llenarse humo, que aparecía a través de un orificio de ventilación.
La VI tenía tres niveles:
  • (1) el sujeto estaba solo
  • (2) con otros dos participantes
  • (3) con dos cómplices del experimentador que se comportaban como si nada estuviera sucediendo.
La VD era cómo reaccionarían los participantes ante un signo de peligro en cada una de las condiciones.
Los resultados apoyaron la hipótesis de la influencia informativa:
  • 75% de los sujetos que estaban solos salió de la habitación.
  • Ninguno de los que estaban con los complices lo hizo
  • 38% de los que estaban con los otros participantes salió.
Para explicar lo ocurrido en esta última condición, Darley y Latané acuñaron el término ignorancia pluralista.
Se trata de un sesgo consistente en inhibir la expresión de una actitud o emoción porque se piensa que la mayoría no la comparte, aunque en realidad no sería así.
A pesar de que a todos los participantes en el experimento querían saber que pasaba, no deseaban parecer nerviosos ante los demás y se mostraban aparentemente tranquilos. Al ver que los otros no parecían preocupados, cada participante sacaba la conclusión de que no había nada que temer, y el resultado de todo este juego de disimulos era la inhibición de la acción.
PASO 3
¿Se asume la responsabilidad de actuar? A pesar de darse cuenta de que algo sucede (paso 1), y de reconocer que lo que ocurre es una emergencia (paso 2), es posible que la persona no intervenga si no se considera responsable de ayudar. La presencia de otras personas puede ejercer un efecto inhibidor de la acción que se conoce como difusión de responsabilidad y consiste en pensar que alguien acudirá en ayuda de la víctima. Parece ser que tendemos a pensar que el rol de líder será el que asumirá la responsabilidad. Por tanto, es posible llegar a este punto y no continuar con el siguiente paso.
PASO 4
¿Se considera la persona copaz de ayudar? Un individuo puede llegar hasta aquí y creer que debe ayudar. Sin embargo, si no se cree capaz o no sabe cómo hacerlo, tampoco ayudará.
PASO 5
Tomar la decisión de ayudar. aunque se hayan dado todos los pasos anteriores, es posible que no se lleve a cabo la conducta de ayudar porque los costes de ayudar sean demasiado grandes. ¿Por qué ocurre esto? Una de las explicaciones es la aprensión de la evaluación. Nos preocupa que otros vean cómo nos comportamos o que  juzguen nuestras reacciones negativamente (Baumeister, 1982).
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