¿Se solucionó el problema mente-cuerpo? Dualismo cartesiano

La conciencia: ¿problema o solución?

Las tesis básicas del funcionalismo derivan del programador del ordenador.
Para poder predecir, controlar y explicar la conducta de un ordenador no necesitamos conocer nada sobre los procesos electrónicos implicados, basta con conocer y comprender las funciones computacionales de alto nivel en el sistema, es decir el programa Office que uso en el pc, sin saber nada de electrónica computacional.
El funcionalismo amplia la separación entre el programa y la computadora para poder incluir al ser humano. Por tanto, según el funcionalismo mi mente es un programa en un conjunto de funciones computacionales que dirige mi cuerpo del mismo modo que el programa en un ordenador es un conjunto de funciones computacionales  que controla a un ordenador: mi mente es un programa en funcionamiento. 
Es de esta forma como los psicólogos cognitivos son como programadores informáticos a quienesse les pide que estudien un nuevo oredenador..
El atractivo consiste en que ofrece una solución al problema conductista: cómo explicar la conducta sin hacer referencia a entidades no materiales o significados teleológicos.
Aunque muy diferente del conductismo radical, la psicología del procesamiento de la información es una forma de comportamentalismo.
Los funcionalistas entendían la mente adaptativa, pero se encontraban atrapados por la limitada metafísica del s. XIX manteniendo al mismo tiempo un estricto paralelismo mente-cuerpo, creando un conflicto que estalló con Watdon y el establecimiento del conductismo.. El análisis cibernético del propósito y su realización mecánica en el ordenador vindicó la actitud funcionalista de que el propósito y la cognición no eran necesariamente entidades misteriosas y no necesitaban implicar al dualismo.
El conductismo fue una respuesta de la psicología de la adaptación ante esta crisis, el procesamiento de la información es otra, pero en ambas podemos observar una profunda continuidad bajo los cambios superficiales.
Psicología y sociedad
Fundación de la ciencia social
En medio de la búsqueda de identidad, los psicólogos aplicados tenían razones para estar preocupados por su imagen pública. La invasión a la que se sentía sometida la sociedad por los test producía rechazos, su intimidad estaba cuestionada producto de la morbosa curiosidad de los psicólogos, y suscectibles de abusos por parte de los patrones, los gobiernos o de cualquiera que buscara herramientas de control social. En 1965 la sociedad seguía prefiriendo  la psiquiatría antes que la psicología.
Valores
Thomas Szasz, señaló en 1960 que el concepto de enfermedad mental era una metáfora basada en la enfermedad física y era una mala metáfora con consecuencias perniciosas.
Edvard Munch, El grito
http://knol.google.com/k/el-problema-mente-cerebro#

El análisis liberario partió del análisis de mente de Ryle, que mantuvo que la mente es un mito, el mito del fantasma en la máquina. Según este psiquiatra creer en la enfermedad mental conlleva consecuencias diabólicas. 

Para Szasz la enfermedad mental no es algo que una persona tenga sino que es algo que esta persona hace o que esta persona es.
Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras que imitan las categorias de la enfermedad física pero que, en realidad, otorgan poder político a los psiquiatras y a sus aliados en la salud mental. Las personas etiquetadas como “mentalmente enfermas” pueden verse privadas de su libertad y encerradas durante períodos de tiempo indeterminados aunque no hayan cometido crimen alguno, pueden ser drogadas contra su voluntad algo que ni siquiera se hace con los convictos en prisión: “No hay justificación legal, moral o médica para las intervenciones psiquiátricas involuntaris. Son crímenes contra la Humanidad” (1960).
En un sentido más profundo, el concepto de enfermedad mental socava la libertad humana, la creencia en la responsabilidad moral, y las nociones legales de culpabilidad e inocencia que se derivan de la libertad humana. En vez de tratar a un ser humano, que puede habernos ofendido o cometido un delito, como un agente autónomo, lo tratamos como una cosa enferma y sin voluntad. Debido a que el mito de la enfermedad mental es una conspiración de la benevolencia (quisiéramos excusar y ayudar a estas personas con problemas) cualquiera que sea catalogado de enfermo mental y, por tanto, no sea considerado responsable de sus propios actos, probablemente aceptará su supuesta incapacidad y dejará de verse a sí mismo como un agente moralmente libre. Y debido a que la ciencia considera que toda acción está determinada más allá del autocontrol, por contagio, todos dejaremos de creer en la libertad y la responsabilidad moral. Por tanto, el mito de la enfermedad mental golpea en el corazón mismo de la civilización occidental, entregada a la creencia en la libertad humana y en la responsabilidad de las propios actos.
Obviamente un cerebro puede estar enfermo y originar pensamientos extraños y conductas antisociales. En este caso no nos encontramos ante la enfermedad mental, si no ante la genuina enfermedad corporal.
Quería decir que: lo que denominamos enfermedades mentales son en realidad problemas vitales y no auténticas enfermedades. Problemas vitales totalmente reales y las personas que los padecen pueden requerir ayuda profesional para resolverlos. Concebida médicamente la psiquiatría es una “pseudociencia”; concebida educativamente es una vocación respetable.
En esos años en EE.UU. se comprometían muchas cuestiones, ¿por qué no comprometer el determinismo científico?
La cuestión de estado: La guerra de Vietnam
Paz, amor y LSD
Los Hyppies
Psicoterapia o …
Los derechos civiles se movilizan
Dallas JFK
Y todo esto para cambiar los patrones a los que las personas debían adaptarse, la psicología humanista fracasó en su intento por desplazar el comportamentalismo.  Aunque criticaba a la sociedad americana, era tremendamente conservadora y reacccionaria.
Maslow captó la fómula de la ataraxia de los escépticos helenos: no generalizar y permanecer impertérrito ante lo que ocurra. La persona autorrealizada de los humanistas, acepta lo que es sin inmutarse, igual que el escéptico clásico.

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